La Web 2.0 nos trajo las redes sociales y el contenido generado por usuarios, pero centralizó el poder en pocas empresas (Google, Meta, Amazon). La Web 3.0 propone una infraestructura basada en blockchain donde la propiedad digital es real y portable.
En la Web 3.0, tu usuario y contraseña no viven en la base de datos de una empresa, sino en tu propia billetera digital (wallet). Tú decides qué datos compartir y con quién, y puedes revocar ese acceso en cualquier momento. Esto cambia radicalmente el modelo de publicidad y privacidad actual.
Mediante tokens y NFTs, los creadores pueden monetizar su trabajo directamente con su audiencia sin intermediarios que se lleven comisiones abusivas. Además, permite a los usuarios participar en la gobernanza y los beneficios de las plataformas que utilizan, transformándolos de "productos" a "copropietarios".