En un entorno digital donde la información es infinita, la atención humana se ha convertido en el recurso más escaso y codiciado. Las empresas ya no compiten solo contra sus rivales directos, sino contra cualquier notificación, video o mensaje que pueda distraer a su cliente potencial.
Las organizaciones están adoptando modelos psicológicos para diseñar productos que generen hábito. Sin embargo, la delgada línea entre el compromiso y la manipulación es cada vez más vigilada. Las marcas que logran capturar la atención de manera ética, aportando valor real en lugar de clickbait, son las que construyen lealtad a largo plazo.
El bombardeo constante de estímulos ha provocado una disminución en la capacidad de atención sostenida. Para los negocios, esto significa que los mensajes deben ser más concisos, visuales y personalizados que nunca. El "storytelling" se vuelve una herramienta de supervivencia empresarial, no solo una táctica de marketing.