La computación cuántica promete resolver problemas que son intratables para las computadoras clásicas más potentes. Aprovechando las propiedades de la mecánica cuántica como la superposición y el entrelazamiento, los qubits pueden procesar información a una velocidad exponencialmente mayor. Aunque todavía estamos en una etapa temprana, los avances recientes sugieren que la utilidad práctica está cada vez más cerca.
Una de las áreas más prometedoras es la simulación molecular. Las computadoras cuánticas podrían modelar interacciones químicas complejas con precisión absoluta, acelerando el descubrimiento de nuevos medicamentos, materiales superconductores y baterías más eficientes. Esto podría revolucionar industrias enteras, desde la farmacéutica hasta la energía renovable.
La potencia de la computación cuántica también plantea una amenaza para la seguridad digital actual. Los algoritmos de encriptación que protegen nuestras transacciones bancarias y comunicaciones podrían ser vulnerables ante un ataque cuántico. Esto ha dado lugar a la carrera por desarrollar la "criptografía post-cuántica", diseñada para resistir estos futuros ataques.
El principal obstáculo sigue siendo la estabilidad de los qubits. Son extremadamente sensibles al ruido ambiental y la temperatura, lo que provoca errores de cálculo. Los investigadores están enfocados en desarrollar técnicas de corrección de errores y en construir hardware más estable para lograr computadoras cuánticas fiables y escalables.